Hay algo difícil de explicar en la primera vez que uno mira por un telescopio. Sabemos que Saturno tiene anillos y hemos visto cientos de fotografías, pero encontrarlo ahí, pequeño y luminoso, provoca una sorpresa distinta. Durante unos segundos, lo que parecía una ilustración en un libro se convierte en un lugar real.
La Noche de las Estrellas 2026, que se celebrará el sábado 14 de noviembre, es una buena ocasión para vivir esa experiencia o compartirla con alguien. La convocatoria del Instituto de Astronomía de la UNAM confirma la jornada en Las Islas de Ciudad Universitaria, de 15:00 a 22:00 horas. Quienes asistan a otras sedes deberán consultar sus horarios y programas locales.
Este año, tres de sus temas permiten recorrer una historia fascinante: cómo aprendimos a estudiar el gas de nuestra galaxia, quién ayudó a formar a los astrónomos mexicanos y por qué tuvimos que revisar lo que entendíamos por planeta.
Una señal que nos permitió explorar la galaxia
En 1951, Harold Ewen y Edward Purcell detectaron una emisión de radio procedente del hidrógeno interestelar. Su longitud de onda era de aproximadamente 21 centímetros. Setenta y cinco años después, aquella medición sigue siendo uno de los grandes momentos de la radioastronomía.
¿Por qué fue tan importante? Porque el cielo contiene mucho más de lo que nuestros ojos alcanzan a ver. Entre las estrellas hay gas, y una parte de ese gas puede estudiarse mediante las ondas de radio que emite. La señal del hidrógeno ofrece una manera de localizarlo y seguir su movimiento.
Con ella, los astrónomos han podido elaborar mapas del hidrógeno de la Vía Láctea y estudiar la rotación galáctica. Es una forma de explorar nuestra propia galaxia desde dentro, donde resulta imposible alejarnos para tomar una fotografía de conjunto.
La conmemoración también sirve para recordar algo que suele pasar inadvertido frente a las grandes fotografías astronómicas: muchos descubrimientos empiezan como una señal tenue en un instrumento y una persona empeñada en entenderla.
Paris Pismis y la astronomía que se construyó en México
En 2026 se cumplen 115 años del nacimiento de Paris Pismis, una figura fundamental para la astronomía mexicana. Nació en 1911 en Estambul y llegó a México en 1942, después de realizar estudios de posgrado y trabajar en Harvard. Su trayectoria la llevó al Observatorio de Tonantzintla, en Puebla, y posteriormente a la UNAM.
Su legado incluye la formación de quienes integrarían las primeras generaciones de astrónomos profesionales del país. Enseñó, investigó y acercó a sus estudiantes al trabajo de observación. También alentó a mujeres que encontraron en ella una referencia para dedicarse a una profesión en la que todavía enfrentaban muchas barreras.
Recordarla en una jornada de divulgación tiene mucho sentido. Detrás de cada observatorio hay personas que aprendieron de otras, profesores que despertaron una vocación y estudiantes que tuvieron una primera oportunidad. Pismis ayudó a que esa historia pudiera continuar en México.
Veinte años de la decisión que cambió a Plutón
Para muchos, la noticia de 2006 fue desconcertante: el sistema solar que habíamos memorizado en la escuela pasaba de nueve planetas a ocho.
El 24 de agosto de 2006, la Unión Astronómica Internacional aprobó una definición de planeta para nuestro sistema solar con tres condiciones: orbitar alrededor del Sol, tener suficiente masa para adquirir una forma aproximadamente esférica y haber despejado el entorno de su órbita. Plutón quedó clasificado como planeta enano.
La tercera condición suele generar confusión. Despejar la órbita no significa dejarla completamente vacía, sino dominar gravitacionalmente su vecindad. Plutón comparte su región con numerosos objetos del cinturón de Kuiper.
Todavía hay quienes discuten aquella clasificación. Y esa conversación resulta valiosa: obliga a preguntarnos para qué sirven las categorías científicas y qué hacemos cuando nuevos descubrimientos complican las que ya teníamos.
Aparta la fecha y lleva tus preguntas
La Noche de las Estrellas nació en México en 2009 y reúne observación, telescopios y actividades de divulgación en un encuentro gratuito para acercar la ciencia al público. No hace falta llegar sabiendo reconocer constelaciones ni tener equipo propio.
Antes de salir, consulta el programa de tu sede y el pronóstico del tiempo. Lleva calzado cómodo, algo de abrigo según tu localidad y paciencia para esperar turno en los telescopios. La observación dependerá de las condiciones del cielo.
El próximo 14 de noviembre, date tiempo para mirar hacia arriba. Pregunta qué estás viendo, cómo se sabe a qué distancia está o por qué tiene ese color. A veces, una pregunta hecha junto a un telescopio termina acompañándonos mucho después de volver a casa.

